Hoy el Señor nos invita a la práctica del
ayuno. Habrá quien piense que el Señor está en la onda de la “nueva imagen” que
la sociedad del bienestar, superficial y vacua, promueve: operación bikini.
Estemos guapos y guapas para los demás. Aunque algunos como un servidor no
tendremos nunca arreglo. Pero bueno, nos conformamos con saber que por dentro
somos guapos o guapas, conservamos una buena línea, gustamos por nuestro
interior.
Fuera bromas, la operación bikini que se
nos propone es otra. La del alma. La de alcanzar un corazón conforme a la
Palabra de Dios, un corazón configurado con el corazón de Cristo. Un ayuno
verdadero que no sólo es de alimentos, que también, sino ayunar de todo lo que
nos aleja del amor de Dios, ayunar de las prácticas o acciones que me
esclavizan, que copa mi interior y que impide que Dios sea el centro, sea el
motor de mi existencia. Y ante todo, ayunar de aquello que nos ciega y que
imposibilita ver la verdad de nosotros mismos haciéndonos vagar sin sentido por
la senda de la infelicidad y la servidumbre.
Pero cuidado, que nuestro ayuno no nazca
para alimentar el orgullo o la vanagloria. No caigamos en la tentación que
denuncia el profeta: “Mirad: el
día de ayuno buscáis vuestro interés y apremiáis a vuestros servidores; mirad:
ayunáis entre riñas y disputas, dando puñetazos sin piedad. No ayunéis como ahora,
haciendo oír en el cielo vuestras voces. ¿Es ése el ayuno que el Señor desea
para el día en que el hombre se mortifica?, mover la cabeza como un junco,
acostarse sobre saco y ceniza, ¿a eso lo llamáis ayuno, día agradable al
Señor?” Nuestro ayuno tiene que
tener sentido. Tiene que tener una dimensión social y comunitaria; dar fruto
que beneficie a nuestros hermanos, especialmente a los más necesitados. Por
ello el profeta Isaías dice: “El ayuno
que yo quiero es éste: Abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos
de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos, partir tu
pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves
desnudo y no cerrarte a tu propia carne”.
Hoy andamos todos falta
de tiempo para los demás. Os invito ayunar del listado de ocupaciones,
comodidades, entretenimiento… y poder ofrecer nuestro tiempo para la escucha
del que se siente sólo, desorientado o en búsqueda; tiempo para servir al
enfermo, anciano…; tiempo para el hogar, la familia, verdadero oasis para la
persona; tiempo para contemplar y meditar a la luz de la Palabra; tiempo para
el compromiso social, construir una sociedad justa y solidaria; tiempo para
ser, sentir… VIVIR.
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